sábado, 14 de diciembre de 2013

Año Nuevo... ¿¡Vida nueva!?




Año Nuevo... ¿¡Vida Nueva!?





Cuando se acerca el fin de un año, el fin de un pequeño ciclo dentro de nuestras vidas, suele acometernos el deseo de repasar ese ciclo y las cosas que hemos llevado a cabo durante su transcurso. Éxitos y fracasos pasan rápidamente -demasiado rápidamente- delante de nuestros ojos, de la imaginación, y preferimos olvidar todo prometiéndonos mil mejoras para el próximo lapso que, finalmente, no será muy diferente al anterior. Dos problemas coinciden de manera influyente en este panorama, dos problemas a los que queremos referirnos en este artículo. Uno de los conflictos mayores es la indecisión de los humanos acerca de lo que verdaderamente queremos ser y hacer. Esto lleva a vegetar en vidas medianas, opacas y carentes del brillo del idealismo. Todo se resuelve en una perpetua angustia, que se borra apenas por fugaces momentos, pero que nunca es erradicada, porque en realidad nunca desaparece. El trasfondo de este problema es simple pero profundo: la angustia diaria, la angustia del momento presente, es el resultado de otras radicales y angustiosas preguntas: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Hacia dónde voy? Si el ser humano no tiene definidos ni sus principios ni sus fines, ¿Cómo puede definir su momento presente? Para decidirse a hacer algo, para decidirse a ser alguien, hay que SABER qué es el hombre en general, y quiénes somos particularmente cada uno de nosotros. Es necesario resolver el origen y el fin de nuestras vidas, no en la vulgar respuesta de la materia que "aparece y desaparece" por "leyes casuales", sino en la verdad de una Ley Causal que encierra el misterio de nuestras vidas humanas y de todas cuantas formas de vida existen. Hay que adentrarse hasta la Raíz Divina -bajo el nombre que a Ella quiera dársele- para reconocer la propia raíz humana. Hay que vibrar con el ritmo de la evolución universal para sentirse igualmente imbricados dentro de ese ritmo, y comprometidos con esa misma evolución. Entonces podremos vivir años distintos unos de los otros, años mejores unos que otros a medida que ellos transcurren; entonces se borrará la opacidad de nuestras vidas, pues cada minuto que pase será un minuto de mayor claridad interior. El otro conflicto es la confusión entre lo temporal y lo atemporal, entre lo que vive y se gasta y aquello otro que perdura sin desgaste. Indudablemente nuestras vidas suponen un juego perpetuo entre valores temporales y cambiantes y valores perpetuos y estables. Pero hay que llegar a diferenciar perfectamente unos de otros. Del mismo modo en que ninguno de nosotros puede identificarse totalmente con el cuerpo; del mismo modo en que, aunque el cuerpo envejece, nosotros podemos seguir siendo jóvenes por dentro, porque la Juventud radica en el alma; así, y no de otra forma, debemos escoger como guía aquellos valores que no perecen con el tiempo. La diferencia está entre lo duradero y lo eterno. Lo duradero, dura... pero finalmente se acaba; se traduce en modas más o menos largas, pero modas al fin. Lo eterno es siempre, ahora, antes y después; aunque miles de voces "de moda" pretendan disminuir lo eterno, ello vive fuertemente arraigado en cada uno de nosotros. El hombre de las viejas civilizaciones, ése que hoy aparece en forma de coloridas imágenes en los libros de historia, y el hombre de nuestros días, ambos siguen entendiendo de la misma forma el valor del Bien, de la Virtud, de la Amistad, del Amor, del Honor, del Deber, de la Fidelidad...   Si abandonamos las falsas vergüenzas, las que nacen de las modas fugaces, no existirán temores al manifestar que todavía nos importa, y mucho, el seguir siendo buenos, fieles, amorosos, honorables, valientes, virtuosos, en general.   La actitud del ser humano no debería fundamentarse en modas, sino en verdades. Las modas muchas veces son apenas producto de la cobardía interior. Si ser virtuoso es difícil, entonces se menoscaba la virtud y se la desprecia lo suficiente como para que nadie se preocupe en alcanzarla. Pero si despierta el Hombre Interior, se alzará por encima de estas cuestiones temporales y variables, y hará oír su voz.   El Año Nuevo es lo que cambia; el tiempo es lo eterno. Un año y otro se distinguen por el acento que pongamos nosotros mismos en ellos, pero nosotros seguimos siendo los mismos. El Nuevo ciclo debe suponer un respiro en el camino, un alto para meditar y planificar, sin olvidar la continuidad, la suma de experiencias y esfuerzos anteriores. Y, sobre todo, supone la promesa con nosotros mismos de avanzar un paso más, hacia una nueva meta en aquello que decidimos lograr.   Entonces, unidos podremos brindar por un Año no sólo Nuevo, sino Mejor. 


Delia Steinberg Guzmán. Directora Internacional de Nueva Acrópolis     Nueva Acrópolis - Honduras Organización Cultural internacional info@acropolishonduras.org    Micro Cápsula: Nueva Acrópolis, organización internacional sin fines de lucro de carácter filosófico y cultural. Te desea una Feliz Navidad y Próspero  Año Nuevo y que entre tus  propósitos  exista un espacio para el crecimiento personal.  Visítanos en: WWW.ACROPOLISHONDURAS.ORG  e Infórmate de nuestros cursos y  conferencias . Para mayor información puedes llamar al  Tel. 2232-0727

sábado, 7 de diciembre de 2013



Las preguntas más importantes en la vida

Milagros Asto y Ricardo López
Desde pequeños, las preguntas nos han acompañado e impulsado a descubrir la vida. ¿Quién no se ha preguntado, alguna vez, quién hizo este mundo y para qué, si existe el destino, si existe la eternidad, si realmente tenemos un alma inmortal o todo acaba con la muerte, cuáles son los límites del universo...
Las preguntas más importantes en la Vida
Esa disposición de preguntarse, de desear encontrar respuestas es algo que acompaña al hombre desde que apareció en la faz de la Tierra: si investigamos en las más remotas culturas de Oriente y Occidente encontraremos estas mismas inquietudes.
Miles de años antes de Cristo, en la antigua India, las descubrimos en el magnífico poema del Bhagavad Gita que escenifica el diálogo del guerrero Arjuna y su Maestro Krishna sobre los motivos fundamentales de la existencia y la razón de ser de la propia vida, o en la Cultura Egipcia y su “Libro de los Muertos”, expresado en simbólicos pasajes en los que el alma del iniciado discurre a través de diferentes pruebas oteando la esencia del ser y el existir, y hasta en la misma civilización azteca por medio de la así llamada “Guerra Florida”, cuyo sentido no es otro que el despertar a la vida interior o espiritual.
En la antigua Mesopotamia, las encontramos en el mito de Gilgamesh, el héroe que ante la muerte de su mejor amigo, sufre terriblemente y se pregunta dónde está, si volverá o no.
El hombre siempre se interrogó
De no haber tenido esa predisposición desde la edad de las cavernas no se hubieran atrevido a salir de su oscuro refugio preguntándose qué hay más allá de los límites de lo que ve. Jamás se habrían arriesgado a investigar cuáles son los confines del mundo.
El cuestionarse sobre todo aquello que se vive y todo lo que ocurre es quizá una de las principales características de la condición humana.
Los animales no se interrogan, viven simplemente siguiendo sus instintos. Tampoco las plantas se interrogan. El autocuestionamiento es un aspecto que distingue a los humanos. Decía el Profesor Jorge A. Livraga que sólo hay dos tipos de seres humanos que no tienen inquietudes: los sabios o los imbéciles. Los primeros porque ya se respondieron las preguntas esenciales y los segundos porque su estado de imbecilidad les niega la posibilidad de darse cuenta siquiera de que el misterio nos rodea por todas partes.
Todos nos hemos preguntado alguna vez: “¿quién soy?, ¿cuál es mi origen? ¿cuál es mi destino?” Todos somos, en mayor o menor medida, “filósofos”. Esta palabra, de origen griego, viene de “philo-sophia”: el amor a la sabiduría.
Sin embargo, cuántos de nosotros no habremos concluido de manera apresurada que tales preguntas carecen de respuesta y creyendo que son producto de la inmadurez, las hemos postergado y finalmente ignorado, por dedicarnos a “cosas realmente útiles”.
¿Acaso no es útil conocer qué es la felicidad, cuando todos nuestros actos buscan tal fin? ¿Será útil conocer qué sentido tiene mi vida o es mejor vivir a ciegas, sin saber ni de dónde vengo ni a dónde voy y finalmente cuando muera, no saber para qué existí?
Al hombre no le basta con lo que percibe de manera inmediata, quiere ir más allá y conocer qué hay detrás de todo lo que ve, toca o escucha. Tanto es así que los más grandes pensadores y maestros han tenido como ocupación principal la búsqueda de respuestas a tales cuestiones. Pues como dicen todos ellos: “una existencia sin una búsqueda, sin una pregunta, sin una duda, sin una intranquilidad, sin el deseo de saber cuál es el sentido y el trasfondo de la vida, sin claridad de miras ni coherencia, sin un destino es la peor de las desgracias.”
Quizá las respuestas no estén en el mundo concreto, físico, si no en el meta-físico: lo que está más allá de lo físicamente perceptible.
Ingresar en lo Metafísico es conocer el lado profundo del ser de cada uno, es conocer la naturaleza de los sentimientos, de los pensamientos, del alma, es acercarse al misterio mismo de nuestra presencia en la faz de la Tierra, a la raíz de la vida.
La Metafísica y la Filosofía sirven para que descubrir tu realidad interior, tus potencialidades y sobre todo, para responderse a preguntas tan importantes como ¿cuál es el sentido de la vida?
Micro Cápsula

Nueva Acrópolis,es una  organización internacional sin fines de lucro de carácter filosófico y cultural. En  más de 50 países, se ofrecen cursos de Filosofía Práctica,  así como una variada agenda de actividades culturales y de Voluntariado. Contáctanos al Tel.: 2232-0727 y Visítanos en:  www.acropolishonduras.org

viernes, 29 de noviembre de 2013

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Platón
Platón
Hijo de Aristón, descendiente del rey Codro y de Perictione, que era descendiente de Solón, el gran legislador, nació en Atenas en 429/28 a.C. y muere el año 347 a.C. En realidad se llamaba Aristocles y Platón fue un apodo que significa "el de anchos hombros".
Al parecer ese mote se lo asignó Aristón, su maestro de lucha. Según Diógenes Laercio, nació el 7 de Targelion, que corresponde al mes de Abril, si bien la Academia neoplatónica florentina celebraba su aniversario el 7 de Noviembre. Tuvo dos hermanos, Adimanto y Glaucón y una hermana, Potona, que fue madre de Espeusipo, su sucesor en la Academia.
Poco sabemos de su primera juventud, más que cultivó la lucha, la pintura y componía ditirambos, cantos y tragedias. Su primer maestro de Filosofía, según indica Aristóteles, sería Cratilo, discípulo a su vez de Heráclito. A los veinte años de edad conoce a Sócrates, el cual el día anterior había soñado con un polluelo de cisne que levantaba el vuelo. Con él permanece hasta la muerte del maestro, en total ocho años.
Según él mismo evoca en su Carta VII, durante su juventud quiso dedicarse a la política, deseoso de intervenir en la vida pública en una época de decadencia y crisis de su ciudad.
El proceso y muerte de Sócrates imprime un giro en la trayectoria vital de Platón y se inicia un período de búsqueda, de aprendizaje y también de identificación con escuelas filosóficas muy significativas, probablemente también de iniciación. Deja Atenas y se traslada a Megara, a escuchar a Euclides, después a Cirene, donde aprende matemáticas con Teodoro y en Italia se hace discípulo de los pitagóricos Filolao y Eurito. Por último, su periplo viajero le lleva a Egipto, donde contrae una grave enfermedad y es curado por los sacerdotes sumergiéndolo en el mar, si bien puede tratarse en este caso de un ritual que aludiría a su iniciación en los misterios egipcios.
A su regreso de Egipto vuelve a dirigirse primero a Cirene y luego a la Magna Grecia, visitando Tarento y Siracusa, dos ciudades decisivas en su biografía. La primera, gobernada por el pitagórico Arquitas, le ofreció el modelo del gobierno de los filósofos y todo el sistema pitagórico, esencial en su obra filosófica. Es Arquitas, el príncipe filósofo el que le pone en contacto con Dionisio, tirano de Siracusa. Se inicia una relación con el tirano Dionisio el Viejo y su sobrino Dión llena de vicisitudes, que acabó con su venta como esclavo en Egina, liberándole Aniceris de Cirene.
Tras su liberación, llega Platón a Atenas y se inicia un largo período de enseñanza y de investigación de unos cuarenta años de duración, interrumpido apenas por dos viajes a Siracusa, en 366 y 361. Surge entonces la Academia, su escuela filosófica en un modesto gimnasio situado a unos tres kilómetros de la puerta de Dpylon y cerca del barrio de Colono, en el que había nacido Sófocles. Entre los discípulos de Platón, además de Espeusipo, ya citado y Aristóteles, se cuentan dos mujeres: Lastenia, de Mantinea y Axiotea, filasia, la cual iba vestida de hombre.
Obras
Los escritos de Platón toman forma de diálogos o de Cartas, haciendo gala de un estilo pulcro y exquisito, afinado para expresar de la manera más racional los más abstractos misterios del conocimiento. Sus argumentos filosóficos aparecen tras las intervenciones de Sócrates y otros sabios como el pitagórico Timeo, interlocutores de sus conversaciones.
Entre las posibles formas de catalogar a sus treinta y cinco diálogos y trece cartas, llevadas a cabo por tantos siglos de comentarios y discípulos del Divino Platón, como se le llamaba en el Renacimiento, la clasificación cronológica parece la más relacionada con la trayectoria vital del filósofo:
l. Periodo socrático: Apología de Sócrates, Critón o del Deber, Ion o sobre la Ilíada, Laques o del Valor, Lisis o de la Amistad, Cármides o de la Sabiduría Moral, Eutrifón o de la Piedad.
2. Período de transición: Eutidemo o el Discutidor, Hipias menor o de lo Falso, Cratilo o de la Exactitud de las Palabras, Hipias mayor o de lo Bello, Menéxeno o de la Oración Fúnebre, Gorgias o de la Retórica, República I o de la Justicia, Protágoras o los Sofistas, Menón o de la Virtud.
3. Período de madurez: Fedón o del Alma, El Banquete o del Amor, República II-X o de la Justicia, Fedro o de la Belleza.
4. Período de la vejez: Parménides o de las Ideas, Teeteto o de la Ciencia, Timeo o de la Naturaleza, El Sofista o del Ser, El Político o de la Realeza, Filebo o del Placer, Critias o la Atlántida, Las Leyes o de la Legislación y Epinomis o el Filósofo.
En el fresco alegórico de la Filosofía que pinta Rafael de Urbino titulado "La Escuela de Atenas", aparece Platón sosteniendo el texto del Timeo, significándose así la obra más significativa de la filosofía platónica, y una de las más estudiadas a lo largo de los siglos, cargada de referencias pitagóricas y de una sabiduría mistérica en torno a la doctrina del Alma del Mundo.
Platón y la filosofía
Podemos afirmar que Platón otorga una transposición filosófica a la tradición mistérica, como cuando recurre a los conceptos de reminiscencia y purificación. Al respecto expone dos principios: el de la transmutación progresiva del ser a medida que se eleva del mundo sensible hacia el mundo inteligible y el de la Teofanía o unión del alma con lo divino.Ver Banquete y la intervención de Diótima.
El filósofo platónico es como Eros hijo de Poros y de Penia. Sólo los dioses son sabios. El filósofo está a medio camino entre la sabiduría y la ignorancia, porque es consciente de su ignorancia. En el banquete se da la definición de filosofía como amor deseo de la sabiduría. El filósofo no es solo un intermediario sino un mediador, pues revela a los hombres algo que procede del mundo de los dioses, del mundo de la sabiduría. La filosofía, en el Banquete aparece como una experiencia del amor. "Es la sabiduría una de las cosas más bellas y el Amor es amor respecto de lo bello de suerte que es necesario que el Amor sea filósofo y, por ser filósofo, algo intermedio entre el sabio y el ignorante", afirma en el diálogo citado, por boca de Sócrates. Los filósofos son, como el Amor, intermediarios entre los dioses y los hombres. El Amor es la aspiración de los hombres a la felicidad. Es el deseo de inmortalidad, el impulso de la inteligencia hacia la idea del Bien.
La filosofía también es un ejercicio de la muerte, ya que la muerte es la separación del alma del cuerpo, que es lo que el filósofo se esfuerza en lograr. El filósofo es el que conoce verdaderamente la ciencia de morir.
En el Teéteto describe el modo de vida del filósofo consistente en llegar a ser justo y santo en la claridad de la inteligencia. La ciencia para Platón no es nunca teórica: es transformación del ser, virtud, también afectividad.
En su diálogo Parménides habla de la relación entre las ideas y las cosas. Platón habla de la participación de las cosas en las Ideas. Concilia tal principio al decir que lo que existe, la realidad, no es ni pura unidad ni pura multiplicidad.
La doctrina de las Ideas es el núcleo central de la filosofía platónica, y también el aspecto más controvertido por Aristóteles y sus seguidores. Las ideas son la verdad de las cosas, la esencias que sostienen la realidad, los modelos que rigen el cosmos. El alma puede acceder a las ideas, apenas se libera del condicionamiento del mundo sensible y descubre que la realidad perceptible no es más que la sombra de las ideas. La interpretación de la relación entre las ideas y las cosas ha llevado a plantearse si Platón defiende un inmanentismo o una posición trascendente que separa las esencias de las cosas, aunque en realidad concilia estas dos interpretaciones aparentemente antagónicas.

jueves, 14 de noviembre de 2013

El Eterno Buscador

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No se puede hablar de filosofía sin hablar del filósofo: no se puede mencionar el mundo de las ideas sin hablar del hombre que es capaz de vivir esas ideas. Así, si tuviésemos que destacar una de las características fundamentales del filósofo, del hombre de Sabiduría, diríamos que reúne las condiciones del eterno buscador. Es un hombre de conquista, que dejará de buscar cuando, por fin, llegue a la Sabiduría; y no sabemos si entonces buscará otras cosas, hoy incompresibles e inasequibles para nosotros.
El filósofo es como un sabueso que va por los campos y bosques, por las montañas y por los ríos de la de la vida, detrás de unas huellas muy especiales. Busca el conocimiento real de todas las cosas. Se busca a sí mismo. Busca la Verdad, Busca, en una palabra, a Dios como raíz universal.
Pero, ¿por qué es tan largo y dificultoso su camino? ¿Acaso la Verdad no está en este mundo en que vivimos? ¿Es que Dios no se deja ver aquí? ¿Es necesario atravesar un infinito desierto nuestra vida manifiesta, nuestro entorno histórico, nuestras circunstancias para encontrar lo que buscamos más allá de estas fronteras? No.
Creemos que Dios y la Verdad están en este mundo, en nuestro ambiente, en nuestros logros y en nuestros problemas. Pero están cubiertos por una espesa capa de fango. Quedan disimulados bajo figuras grotescas, a tal punto que en muchas ocasiones la mentira ocupa el lugar de la Verdad sin que aparentemente nadie pueda desenmascararla; y el vacío interior y el descreimiento ocupan el sitio de los naturales impulsos del espíritu humano.
La habilidad del filósofo buscador consiste en hallar aquí y ahora, en medio de los errores y la ignorancia, en medio de la oscuridad y las trampas, aquellas realidades ocultas que esperan el esfuerzo de los hombres valientes para llegar a refulgir con todo su poder.
Se impone buscar, sin cansancio, sin desperdiciar la menor oportunidad de descubrir luces entre las tinieblas, de encontrar unas gotas de felicidad aun en medio de las desdichas, una partícula de Verdad entre tanta desorientación.
Lo importante es la meta, es usar los sentidos y la inteligencia como guías para llegar a ella.
El que sabe lo que busca y cómo hacerlo, ése es el FILOSOFO.
Delia Steinberg Guzmán
Micro Cápsula
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domingo, 14 de julio de 2013




Cara a cara. Las Relaciones Humanas
Los seres humanos vivimos en continua interrelación. Desde la pequeña familia nuclear hasta la gran familia de la Humanidad, debido a los nexos existentes entre sus componentes, los hombres.
En la última década ha cobrado mayor importancia el estudio y desarrollo de las relaciones humanas como un medio para hacer al hombre más eficaz en su trabajo y para utilizarlo mejor. Este aspecto negativo del fenómeno no debe impresionarnos, sino más bien servirnos de estímulo para crear y acrecentar la parte positiva que encontramos en la nueva importancia que han tomado las relaciones humanas.
El siglo XX, en su vertiginoso avance técnico, fue despreciando poco a poco el valor del Yo, y su particularísimo aporte a la vida, creó un sistema deshumanizante en el que el hombre tiene un valor como elemento mecánico y pasivo. Esta antinatural situación ha creado tales problemas en el interior de la sociedad que en la última década se ha visto un intento de retorno al humanismo, pero a un humanismo utilitario que busca y revela el valor del hombre como un objeto del cual se puede extraer el máximo potencial con el fin egoísta de transformarlo en un buen productor y un buen consumidor.
En medio de un mundo epidérmico que contiene miles de opciones de vida para el hombre materialista y superficial, pero casi ninguna para el hombre espiritual, las vivencias de bienestar y felicidad están asociadas únicamente a los deseos satisfechos, acontecimientos y metas alcanzadas, placeres corporales, etc. Sin embargo, el hombre interior reclama su parte, y medio ciego, sordo y mudo, busca por instinto una salida a la luz espiritual y un encuentro cara a cara con su Yo, que es también el Yo de quienes lo rodean.
Surge la posibilidad de encontrar un destello de verdad en los ojos del otro y cobra nueva importancia la relación humana y la comunicación; y como es un ser poco diestro en relacionarse consigo mismo, también lo será en sus relaciones con los demás.
Comunicación y conocimiento de sí mismo
Se dice que a mayor comunicación, mejores relaciones. Sin embargo, el conocimiento de sí mismo es un complemento esencial de toda comunicación y de toda relación. Los grandes problemas entre los hombres muchas veces se resumen en una deficiente o inexistente comunicación. Pero, ¿quién podrá ser tan poco práctico como para entorpecer conscientemente la relación con los otros? Al parecer nadie quisiera no ser entendido pero ocurre con demasiada frecuencia.
Uno de los primeros obstáculos para el autoconocimiento es que nuestra educación nos ha dejado la lamentable herencia de buscar fuera lo que se debe buscar dentro, y el sendero interior es comprendido por millones de hombres como un conjunto de fenómenos físicos perceptibles a través de los sentidos. Y, lo que es más, es concebido como una historia posible de novelar, “para que todos sientan lo que yo siento”.
La mente y el corazón de este desconcertado y solitario humano están cerrados herméticamente y la llave de oro para el proceso de autoconocimiento y auténtica relación con los demás es el Amor.
Del Amor se van a generar la confianza, la autovaloración, la tolerancia, la paciencia y otras mil virtudes necesarias para vivir y para que realmente se pueda dar una transformación hacia el Mundo Nuevo.
Amar al otro, entender al otro
No es posible introducirse en el mundo interior de nadie si previamente no se tiene un interés y un nexo con él. Este interés ha de ser necesariamente inegoísta y con miras a dar algo, a dejar algo, a aportar una parte de sí al proceso del otro.
Aprender a escuchar es lo primero si pretendemos comprender. Como todos los hombres vemos el mundo desde nuestra perspectiva, fácilmente caemos en la falta de ecuanimidad cuando se trata de valorar otros puntos de vista. La falta de cortesía, el juicio superficial y la generalización son acérrimos enemigos de la legítima comunicación cara a cara, pues estamos tratando de ganar terreno en la búsqueda de la Verdad, de comprender, de unir para extraer lo mejor, no de ganar una absurda carrera en la que está en juego nuestro orgullo personalista.
Dar algo de sí
Es necesario estar dispuesto a hacer todos los esfuerzos posibles para entablar una relación positiva  y profunda, pues no se trata de rozarse con la gente para guardar una apariencia, sino compartir el Ser-Humanidad y aceptar que cada cual será diferente en cuanto a experiencias, virtudes, carencias, sentimientos, obras, y no solamente aceptarlo, sino estar dispuesto a entregar algo de sí mismo: comprensión, tolerancia, prestar oídos a sus ideas y sentimientos, amistad, en una palabra, Amor, para que se transforme en el corazón de quien lo recibe en una bocanada de aire puro que le haga saber que hay quienes pueden expresar y vivir sentimientos profundos sin avergonzarse de ello o sentirse pasado de moda. Es fundamental no poner condiciones pues en este caso no se está dando sino cambiando, negociando algo que no es legítimo negociar.
El lenguaje que hay que utilizar debe ser en lo posible sencillo y profundo a la vez, pues la abundancia de tecnicismos, modismos  y términos especializados carece de universalidad. Cuando el lenguaje está cargado de ironías puede ofender o menoscabar si no se utiliza de una manera atinada. Paciencia y amabilidad con quienes se comparte el diario vivir son excelentes muestras de amor y nobleza.
Fraternidad
Estas  ideas no pueden operar en la práctica si no se está poderosamente involucrado con la de la Fraternidad, que es una actitud ante la vida que nos hace participar del Ser-Humanidad. Implica la aceptación de las personas tal como son, reconociendo sus potencialidades, y por difícil que parezca, el amor y respeto por las personas. Esta es una actitud activa y digna de practicarse continuamente y en todo grupo al que se pertenezca. La Fraternidad reconoce las diferencias entre los hombres pero también la unidad; es una relación humana profunda que no acepta la posesión ni la mediocridad en los sentimientos. Las Relaciones Humanas son fundamentales para el desarrollo del hombre y la civilización. Sin una debida profundidad provocan en el hombre angustia y vacío. No tienen sentido si no están basadas en el profundo sentimiento del Amor y si no buscan una legítima comunicación y acercamiento entre las personas.

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lunes, 20 de mayo de 2013


                                                        Newton (Sir Isaac)


"Si he visto más lejos que los otros hombres es porque me he aupado a hombros de gigantes"
Su Vida
Newton (Sir Isaac)
Newton (Sir Isaac)
Sir Isaac Newton, uno de los más grandes científicos de la historia, nació prematuramente el 4 de enero de 1643, en Woolsthorpe (Lincolshire (Inglaterra), en el seno de una familia acomodada. Como su padre murió antes de su nacimiento, su madre volvió a casarse en segundas nupcias, dejándolo al cuidado de sus abuelos a la edad de tres años. Desde los doce años, asistió al King´s School de Gratham, y a los diecicocho años, por recomendación de su tío, fue enviado a Cambridge como alumno del Trinity College, institución que le permitió tomar contacto verdadero con la ciencia.
Parece ser que su primer tutor fue Benjamín Pulleyn, posteriormente profesor de griego de la Unversidad. En esta época leyó a Euclides, estudió la "Geometría " de Descartes, la "Optica" de Kepler y la "Aritmética" del gran matemático John Wallis– figura en torno a la cual se había formado un círculo de científicos que le serviría como introducción a sus investigaciones sobre las series infinitas, el teorema del binomio y ciertas cuadraturas–. Igualmente, siguió las lecciones de matemáticas del profesor Barrow, y tomó contacto con los trabajos de Galileo, Fermat y Huygens, entre otros.
En 1665, recién graduado como bachiller, y por causa de la peste que asoló gran parte de Inglaterra, se vio obligado a retirarse a la granja familiar. Durante este período realizó estudios que fueron decisivos para asentar la base de su aportación científica. Descubre la ley del inverso del cuadrado, de la gravitación, desarrolla su cálculo de fluxiones, generaliza el teorema del binomio, y pone de manifiesto la naturaleza física de los colores.
En 1667 regresó a Cambridge donde fue elegido miembro del Trinity College. Desde octubre de 1669 fue profesor Lucasiano de matemáticas, reemplazando al profesor Barrow cuando éste optó por dedicarse por completo a la Teología.
Ese mismo año envía a Collins, por medio del profesor Barrow, su "Analysis per aequationes numero terminorum infinitos", manuscrito que representa la introducción al cálculo diferencial e integral. En 1672 expuso su teoría sobre los colores, publicación que provocó tantas críticas que motivó su retiro. Mientras tanto, Barrow y Edmond Halley– astrónomo, matemático y gran amigo suyo–, reconocían sus méritos y le estimulaban en sus trabajos.
Hacia 1679, verificó su ley de la gravitación universal y estableció la ciencia moderna de la dinámica, formulando las tres leyes del movimiento. Aplicó estas leyes a las de Kepler sobre movimiento orbital y dedujo la ley de la gravitación universal. E. Halley, le impulsa a publicar sus trabajos de mecánica y, finalmente, gracias al apoyo moral y económico de éste, y de la Royal Society, publica en 1687 sus célebres "Philosophiae naturalis principia mathematica".
En 1671, Newton fue designado miembro de la Real Sociedad de Londres. Su presentación fue llevada a cabo por Seth Ward, obispo de Salisbury, conocido astrónomo, en términos de quien reconoce a un gran maestro y en la época en que Newton no había publicado sus principales descubrimientos.
Desde 1690 a 1692, prepara y reúne parte de sus escritos matemáticos, y escribe sus célebres cartas a John Wallis, dándole a conocer su método de fluxiones.
Por ser uno de sus rasgos personales su profunda inclinación al estudio, llevó en general una vida recluida y alejada del trato social, por lo que sorprende su posterior conversión en un personaje de una gran relevancia social.
Después de haber ejercido como profesor durante cerca de treinta años, Newton abandonó su puesto para aceptar la responsabilidad de Director de la Casa de la Moneda, en 1696. Duante los últimos treinta años de su vida, abandonó prácticamente sus investigaciones para consagrarse progresivamente a los estudios religiosos.
En 1703, fue elegido presidente de la Real Sociedad de Londres, cargo para el que fue reelegido hasta su muerte. En 1705, fue nombrado caballero por la reina Ana en recompensa a los servicios prestados a Inglaterra.
Fue, además,uno de los primeros científicos extranjeros miembro de la Academia de Ciencia de París.
Después de una larga y atroz enfermedad, Newton murió durante la noche del 20 de marzo de 1727, y fue enterrado en la abadía de Westminster junto a los grandes hombres de Inglaterra.
Su Obra
El ejemplo de Newton fue determinante para que el procedimiento experimental transformase la filosofía natural en ciencia natural.
Estableció la primera gran teoría de unificación de la física, por la que demostró que la materia de los cielos se rige por el mismo conjunto de reglas que la materia terrestre. Sus aportaciones van desde la física hasta la matemática, como inventor del cálculo diferencial.
La doctrina física del iluminismo es sustancialmente la de Newton, quien formuló la exposición completa de un sistema puramente mecánico de todo el mundo celeste y terrestre, una exposición analítica e inductiva.
Newton se abstiene de aventurar ninguna hipótesis sobre la naturaleza de la misma gravedad por creerlo ajeno al objetivo de la física que consiste en la pura descripción de los fenómenos. Aludiendo a la fuerza de la gravedad y otras, señala que no las considera como cualidades ocultas que resulten de las formas específicas de las cosas, sino como leyes generales de la naturaleza, en conformidad con las cuales se forman las mismas cosas. La verdad de estas leyes se nos manifiesta a través de los fenómenos, aunque sus causas no hayan sido descubiertas. Estas cualidades son manifiestas, y solamente sus causas son ocultas. Así, la exigencia de una descripción de la naturaleza viene a ocupar el puesto de la explicación de la naturaleza, de la que se había preocupado la física antigua y medieval. No obstante, en su "Optica", se apartaría de esta postura para intentar racionalizar las creencias religiosas y unir la fe con la ciencia moderna, objetivo que había sido ya perseguido por los pensadores platónicos de la Escuela de Cambridge.
Sostenía que Dios había hecho una segunda revelación en la Biblia en la que completaba la primera, y que en esta segunda se halla la ciencia divina hecha en la creación, expresada en forma de leyes físicas, a cuyo conocimiento había llegado Newton por primera vez; el resto de claves para del formidable plan de Dios deberían hallarse también en la Biblia.
Newton no se daba por satisfecho con haber logrado desentrañar el complicado sistema mecánico de los astros del sistema solar, sino que creía que eso era sólo un subsistema del sistema total, una pequeña parte del enigma.
A su muerte, dejó una cuantiosa colección de manuscritos personales que llegó a conocerse con el nombre de "Colección Portsrmouth", el nombre de los descendientes de Newton, poseedores de la misma. Se hallaron miles de folios escritos que contenían estudios de alquimia, comentarios e interpretaciones de textos bíblicos, especialmente los proféticos, así como cálculos herméticos completamente oscuros e ininteligibles. Es conocido por muchos que Newton frecuentaba la alquimia y la teología, dedicando a ello tanto esfuerzo, que bien puede pensarse que sus aportaciones científicas no fueron más que un breve paréntesis en un mar de incesante actividad.
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lunes, 13 de mayo de 2013




  

  Aristóteles


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Debemos al historiador griego Diógenes Laercio los principales datos sobre la vida y obras de este filósofo que junto con Sócrates y Platón simbolizan la búsqueda filosófica occidental. Nace en 384 a.C. en Estagira (Tracia) y muere en Calcis (Eubea) en 322 a.C..
Su padre, Nicómaco, era el médico de Amintas, padre de Filipo y rey de Macedonia. A la muerte de Nicómaco se hace cargo del joven Aristóteles su pariente Proxeno, hasta que, a los 17 años, se traslada a Atenas para ingresar como discípulo en la Academia de Platón, donde permanece durante veinte años, hasta la muerte de su maestro en 347. Se ha conjeturado si su marcha estuvo relacionada con el hecho de no haber sido elegido como sucesor al frente de la escuela filosófica, o bien se debió a la guerra entre macedonios y atenienses, iniciada en 359.
El caso es que, junto con Jenócrates, se traslada a Assos y allí se casa con Pitia, hija adoptiva de Hermias el tirano, con la cual tuvo una hija, Pitia. Merece subrayar el hecho de que Hermias, además de suegro, podría calificarse como discípulo del filósofo, así lo indican sus últimas palabras al caer en poder de los persas y ser torturado: "Decid a mis amigos y colegas que no me he doblegado ni he hecho nada indigno de la filosofía". A la muerte de su esposa Pitia, convive con Herpilis, de quien tuvo a Nicómaco, su hijo y destinatario de un tratado sobre ética. Durante su estancia en Assos forma escuela con algunos condiscípulos de la academia, entre ellos Teofrasto, que sería su sucesor en el Liceo. De allí se traslada a Mitilene, ciudad de la isla de Lesbos hasta que Filipo le llama a la corte macedonia en 343 para hacerse cargo de la educación de su hijo Alejandro, que a la sazón contaba trece años de edad. A los cuarenta y nueve años de edad, en 335, Aristóteles regresa a Atenas y es entonces cuando funda un nuevo centro de enseñanza, el Liceo, pero la muerte de Alejandro exacerba el odio ateniense hacia los macedonios y es amenazado con un proceso por impiedad, por lo que se ve obligado a refugiarse en Calcis, donde muere, a los sesenta y dos años de edad.
Obras
Andrónico de Rodas fue el recopilador de la obra de Aristóteles, en el siglo primero a.C. Su ingente producción intelectual se divide en dos grandes grupos:
1. Escritos de divulgación, destinados al público en general y publicados por el mismo Aristóteles. Se trata de una serie de unos 20 diálogos, de cuyo contenido tenemos conocimiento mediante citas recogidas en otros textos. Sus títulos evocan el carácter platónico de estos trabajos, tales como: "Acerca de la Justicia"; "Acerca del Bien"; "Acerca del Buen linaje"; "Acerca de la Plegaria"; "Acerca de las Ideas"; "Acerca de la Filosofía"....
2. Tratados filosóficos y científicos, es el "corpus Aristotelicum", ordenado por Andrónico de Rodas en: Tratados de Lógica; de Física; de Biología; de Metafísica, o Filosofía primera; de ética; Política; Retórica y Poética.
El pensamiento de Aristóteles
Podemos resumir algunas de sus aseveraciones más conocidas:
La lógica es mero Organon, es decir, instrumento del conocer.
La ciencia es apodíctica, es decir demostrativa.
El ser es y no puede no ser. El ser necesario es el substancial. La substancia es el ser del ser. Es por un lado la esencia del ser y por otro el ser de la esencia. (la substancia manifiesta el aspecto más íntimo del pensamiento aristotélico y al mismo tiempo su más secreta relación con el pensamiento de Platón), que había hecho del bien el principio del ser. Es el sustrato, aquello de lo que cualquier otra cosa se predica, pero que no puede ser predicado de ninguna. Como esencia del ser la substancia es el logos, el concepto, el principio de inteligibilidad del ser mismo. La sustancia no puede existir separadamente de aquello cuya substancia es. La substancia no puede equipararse con la idea platónica, que niega Aristóteles.
Todo llega ser algo, que es la forma o punto de partida del devenir y deviene a partir de algo, que es su potencia, la materia.
Trata el tema de la filosofía en el Protréptico (discurso exhortatorio): "Se debe filosofar o no se debe filosofar; pero para decidir no filosofar es también siempre necesario filosofar; así, pues en cualquier caso filosofar es necesario".
Al principio el conocimiento es sabiduría moral o frónesis, pero más tarde separará nítidamente el conocimiento de la vida moral, es decir el pensamiento y la acción. La felicidad filosófica corresponde a la theoría, un género de vida consagrada por completo a la actividad del espíritu. Hay que distinguir entre teorético y teórico. La segunda acepción de origen griego no tiene nada que ver con la filosofía y se refiere a las procesiones. Aristóteles usa la palabra teorético para designar el modo de conocimiento que tiene como fin el saber por el saber y no un fin exterior a él mismo y también designa el modo de vida que consiste en consagrarse a ese tipo de conocimiento, es decir la virtud intelectual, a la que se subordina la virtud moral.
Ser hombre es sobrepasar de alguna manera la humanidad en nosotros, pues el acceso a la vida contemplativa está más allá de la condición humana y el hombre accede a ella "en tanto que hay en él algo de divino". Aristóteles mantiene tal objetivo como un mero deseo, pues no explica cómo acceder a esa vía.
Divergencias Platón - Aristóteles:
La principal crítica de Aristóteles a Platón se refiere precisamente a la doctrina de las ideas y su separación del mundo sensible. El exceso de abstracción de Platón le lleva a Aristóteles a negar las ideas.
1. La importancia del mundo sensible: Conocer es captar la substancia de las cosas, el deseo de saber se manifiesta primero por el placer de la percepción sensible, de ahí se remontan las causas hasta llegar a la causa primera, del ser en cuanto ser. la ciencia es el conocimiento racional. Platón negaba el valor a la ciencia fundada sobre la opinión y la percepción de las cosas sensibles.
2. La dualidad forma-materia y potencia-acto (la materia desea la forma) la causa substancial es la forma, que es la cosa en sí. La forma aristotélica parece coincidir con la idea platónica, pero se diferencian en que la forma no es universal, y además es inmanente al mundo sensible, mientras que la idea platónica es trascendente al mundo sensible. El que la forma sea inmanente al mundo sensible implica que no puede existir sin el mundo visible y concreto. Pues Forma y Materia son una misma cosa una en acto la otra en potencia. En la teoría del conocimiento pensamiento y sensación van a quedar como inseparables, de tal manera que la sensación sería fundamento de todo conocimiento. Solo se piensa a través de imágenes y estas se basan en las sensaciones, por lo tanto sensación e imaginación están en el mismo plano.
Suele considerarse que el mérito de Aristóteles fue haber recuperado la unión entre mundo sensible e ideas, pero a costa de que la idea exista solamente realizada en la materia. Pero desplaza la ruptura de Parménides y Platón entre el mundo inteligible y el sensible y la sitúa en el mundo sensible, al separar materia y forma.
3. La Forma es la Naturaleza y el Alma, la Naturaleza es principio del movimiento que dirige a los seres hacia su perfección. En el concepto de la Naturaleza hay coincidencia entre Aristóteles y Platón pues se reconoce el principio absoluto de armonía y de perfección que dirige todas las cosas hacia un fin y da sentido al Universo.
4. Dios es pensamiento. La causa primera inmóvil, del movimiento universal, separado del mundo. El Dios de Aristóteles es pensamiento que se piensa a sí mismo, alejado del mundo absolutamente trascendente.
5. El alma humana es inseparable del cuerpo, mientras que para Platón el alma está encerrada en el cuerpo como en una prisión. Sin embargo Aristóteles distingue el alma en sí o Intelecto o nous, pensamiento puro y los estados comunes al alma y cuerpo. El intelecto subsiste tras la muerte, en lo cual coincide con Platón, aunque difiere al no reconocer la reencarnación. El intelecto pasivo (tabula rasa) que recibe las formas sensibles muere con el cuerpo, mientras que el activo, que hace pasar las formas inteligibles de la potencia al acto, subsiste gracias a su esencia inmortal. Pero el Intelecto es impersonal y único para toda la especie humana.
El inmanentismo de Aristóteles en el conocimiento del alma solo reconoce la trascendencia del intelecto, sin llegar a resolver el problema del dualismo.
Mientras para Platón los filósofos tienen el deber de emplear tiempo en la vida política, para Aristóteles los filósofos deben limitarse a enseñar a los políticos, sin compromisos políticos de dirigir a otros.
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